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Prensa plana en Las
Tunas |
Breve historia del
periodismo impreso en Las Tunas
Juan Emilio Batista
Cruz
Periodista del
semanario 26
El más lejano
antecedente de nuestro 26 es El Hórmigo, pionero de los
periódicos en la villa de
Las Tunas,
fundado el 6 de noviembre de 1859 por el Maestro de
Primeras Letras, Manuel Nápoles Fajardo, de 22 años de
edad y hermano del más connotado poeta bucólico del
siglo XIX cubano, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo,
conocido por el seudónimo de El Cucalambé.
De acuerdo con
investigaciones realizadas en el Archivo Nacional por el
historiador de la ciudad de
Las Tunas,
licenciado Víctor Manuel Marrero Zaldívar, la salida de
El Hórmigo, marcó también la fecha de introducción de la
imprenta en la localidad, porque no existe documento
probatorio de la presencia anterior aquí del fabuloso
invento del alemán Juan Gutemberg.
A la luz de los
documentos inéditos conservados en el Archivo Nacional,
el 7 de marzo de 1859, los señores Lorenzo Artímez y
Morán, natural de Asturias; Miguel Rosende Cañellas, de
La Coruña, Galicia; Joaquín Mayo y Pedro María Agüero,
de la ciudad de
Las Tunas y Don Ignacio Méndez, de Santiago de Cuba;
escribieron al Capitán General de la Isla para
solicitarle autorización con el fin de publicar un
periódico.
El 29 de marzo del
propio año, los solicitantes recibieron el permiso y
adquirieron la imprenta en Puerto Príncipe (Camagüey).
Según las investigaciones, los iniciadores, por sus
múltiples ocupaciones, decidieron venderle el taller a
Manuel Nápoles Fajardo, a quien habían escogido para
dirigir el futuro órgano de prensa.
Entonces, en su
condición de dueño, Nápoles Fajardo solicitó la
transferencia oficial, la cual se le concedió el 5 de
noviembre de 1859, en comunicación que expresaba en una
de sus partes: “...el primer número del periódico de que
se trata verá la luz pública el día 6 del actual...”
Antes de llegar a
nuestro 26, en la ciudad de
Las Tunas
se editaron muchos periódicos. El continuador de El
Hórmigo, del cual lamentablemente no se conoce cuándo
dejó de existir, ni cuántos números editó, tuvo por
nombre El Novel, que se tiraba en las máquinas
impresoras del taller El Iris, propiedad del criollo Don
Juan Aguilar Cordero.
El Novel,
semanario dedicado a las informaciones de la villa,
anuncios y al movimiento cultural, incluidas las obras
poéticas, comenzó a publicarse el domingo 2 de enero de
1887 e hizo mutis por problemas económicos, el 10 de
julio de ese mismo año, después de 27 números.
En el período de
la república mediatizada hubo varias publicaciones en la
entonces Victoria de
Las Tunas,
pero el más reconocido fue El Eco de Tunas, un
bisemanario fundado en 1909 por su dueño y director
Rafael Zayas González, el cual se editó durante 46 años,
con un receso entre 1916 y 1923, y que hizo mutis en
1962.
Después del
triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959,
se intensificó la lucha de clases y en Victoria de
Las Tunas,
un grupo de jóvenes de pensamiento avanzado, entre ellos
el colega Luis Manuel Quesada Kindelán; Jesús Torres
Cuesta, Carlos Zamora Rodríguez (actual embajador de
Cuba en Panamá); Luis Urquiza Jorge y Emiliano Manresa,
unieron sus escasos recursos económicos con el objetivo
de crear un periódico con ideas renovadoras.
Aquel intento dio
efímera existencia a un tabloide semanario que se llamó
Revelación, el cual solo alcanzó un par de ediciones.
Los fundadores no pudieron solventar los costos de su
tirada; sin embargo, en su decisión de mantener una
publicación de nuevo tipo, crearon posteriormente una
revista mimeografiada, de similar frecuencia, a la cual
nombraron Voz Estudiantil y de la que lograron unas ocho
salidas.
Sin embargo, el
pionero de la prensa revolucionaria en
Las Tunas,
fue fundado por Rosano Zamora Padín, el 17 de mayo de
1963 con el nombre de El Trabajador, cuando se
materializó la idea discutida en 1961. Surgió como el
órgano de la Revolución, dirigido por la Comisión de
Orientación Revolucionaria en el municipio de Victoria
de Las Tunas
y que más tarde se extendió a la estructura regional que
incluyó a Puerto Padre.
Aquel iniciador de
una nueva era en el periodismo local se hacía de forma
voluntaria, con el aporte informativo de los
corresponsales nombrados en los núcleos del entonces
Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC).
Inicialmente se
tiraba a tamaño estándar, una vez a la semana, en una
máquina número cinco, de alimentación manual, en la
imprenta nacionalizada El Noticiero, en la calle Gonzalo
de Quesada 123, en el mismo local que hoy ocupa la
Editorial Sanlope, del Centro Provincial del Libro y la
Literatura.
Es por esa época
que ocurre el proceso de reorganización de los
periodistas cubanos y el 22 de junio de 1963, se efectúa
en Holguín la Asamblea de la Unión de Periodistas de
Cuba en el norte de Oriente. Ocho días después, el 30,
tuvo lugar una reunión similar en Las Tunas, en la que
se eligió el primer ejecutivo de esta zona: Rosano
Zamora, secretario general; Pedro Peña Reyes,
organizador e Iraís González, educador.
Una rotura en la
máquina impresora número cinco, provocó que la tirada
tuviera que hacerse en los talleres del periódico Ahora,
de Holguín y se convirtió en un tabloide de ocho
páginas, aunque por problemas de carácter objetivo, dejó
de editarse en diciembre de 1964. En dos años, 1965 y
1966 en esta región no se publicó ningún órgano de
prensa escrita.
Las necesidades
objetivas de la lucha ideológica, determinaron que el 18
de mayo de 1967, se fundara Mochas y cañas, con salidas
tres veces a la semana en tamaño tabloide en la imprenta
La Regional, en Puerto Padre, bajo la dirección del
propio Rosano Zamora.
Como parte de una
estrategia del Partido en la provincia de Oriente, con
vistas a la zafra de los 10 millones en 1870, la región
se dividió en dos. Puerto Padre siguió editando Mochas y
cañas unos meses más, hasta que se transformó en un
boletín diario con el nombre de VAN, pero en formato
pequeño, siempre bajo la dirección del desaparecido
periodista Ricardo Varela Rojas; mientras que en
Las Tunas
se fundaba el tabloide semanario El Forjador.
El 23 de abril de
1973 este semanario adoptó el nombre de Veintiséis hasta
el 8 de octubre de 1977 en que se comenzó a tirar en
formato estándar y con la nominación actual 26, en
número.
Casi un año
después, el 26 de julio de 1978, nacía en la calle Colón
157, el primer diario en la historia de
Las Tunas,
ya convertida en provincia; con una máquina rotoplana
Dúplex norteamericana, la cual revolucionaba la
impresión a pesar de tener casi un siglo de explotación.
Comenzaba aquí la era del linotipo y el fotograbado,
técnicas desconocidas hasta ese momento.
Un elemento a
destacar es que, desde su arrancada misma, este
periódico no es sencillamente un órgano de prensa, sino
una escuela, pues la mayoría de sus profesionales
aprendieron, sobre la marcha, el manejo de los
diferentes géneros y se adaptaron a las nuevas
condiciones, totalmente desconocidas. El propio
director, José Infante Reyes, enfrentaba, por primera
vez, una tarea de estas características.
El 17 de junio de
1985 comenzó una etapa cualitativamente superior para el
periódico 26, trasladado definitivamente para la nueva
Unidad Gráfica Alejo Carpentier. Unos días después, el
13 de julio, ocurría la primera tirada, aumentada a 40
mil ejemplares, de la nueva rotativa soviética del tipo
PVG-84-2, que mejoró de manera notable el proceso de
impresión.
El periódico
avanza integralmente y a mediados de 1988, José Infante
Reyes pasa, por decisión del Partido a laborar como
subdirector de la Empresa de Acero Inoxidable (ACINOX) y
a partir del viernes 18 de noviembre, Ramiro Segura
García, asume la dirección del diario.
La llegada del
Período Especial afectó seriamente la vida del periódico
que se vio limitado, primero a la condición de tabloide
con salida tres, dos y hasta una vez a la semana con
ocho páginas y 35 mil ejemplares, que es la situación
actual.
En plena
concordancia con los esfuerzos del país por mantener las
conquistas del Socialismo y avanzar, la prensa cubana
comenzó un proceso de modernización, a partir de los
órganos de circulación nacional y que se extendió
después a las provincias.
Tras un breve
período de adiestramiento del personal de la Unidad
Gráfica Alejo Carpentier, responsabilizado con la tirada
del periódico, ocurrió el salto más importante desde su
fundación, cuando el 25 de abril de 1997, salió a la
calle con una impresión de excepcional calidad.
Aquel día fue
histórico. La composición se hizo totalmente en
computadoras y la tirada, desde ese momento, corrió a
cargo del combinado poligráfico José Miró Argenter, de
la ciudad de Holguín, hasta la actualidad.
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