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El fantasma del
Caballo Blanco
5 de abril de
2008
Mi
abuelo asegura que lo vio.
Fue
en una noche clara, por la década del 40
del pasado siglo, cuando se disponía a
acostarse y sintió el trote suave, por
la polvorienta calle del entonces
pequeño pueblo de
Las Tunas.
Se asomó a la ventana, y la entreabrió
solo un poco, y lo vio pasar lentamente:
era el Indio sin cabeza, montado sobre
un brioso y bello corcel blanco. Cerró
la ventana nervioso. Habrá
desgracia, se dijo, y cuando fue a
buscar a su mujer, ya el Indio había
desaparecido.
Y
hubo una desgracia.
Al
amanecer de aquel fatídico 12 de julio
de 1945, el tren central procedente de
La Habana y con destino a Santiago de
Cuba, tuvo un problema mecánico en su
sistema de frenos y se descarriló a la
altura del actual aserrío Libertad, en
aquel entonces propiedad de los Lima,
una de las más acaudaladas familias del
pequeño pueblo
Las Tunas,
y la desgracia abrazó al pueblo, que se
vistió de luto por más de 30 muertos y
varios heridos.
Mi
abuelo, que fue al lugar del suceso lo
dijo bien claro: "Por aquí pasó anoche
el Caballo Blanco", y otros muchos
reafirmaron el aserto con la
confirmación de que también lo habían
sentido.
Así
la leyenda había pasado de generación a
generación y su origen se remontaba a la
época de la colonia de España, cuando la
hija de un rico español se enamoró de un
indio, y el padre mandó a matar al
nativo porque nunca aceptaría aquella
relación.
Cuentan que cuando los hombres del
español esperaron al indio más allá de
los alrededores de la casa y lo
decapitaron, el padre de la muchacha fue
a comprobar el hecho, y solo encontraron
sangre en el lugar y otros restos del
crimen. Desde entonces, en la
imaginación popular el Indio sin cabeza
cabalgaba en las noches de luna sobre el
bello corcel, siempre anunciando una
desgracia, y la leyenda se convirtió en
patrimonio de la ciudad, como un
elemento más bien folclórico.
Claro que sin en realidad mi abuelo
hubiese visto al Indio no podría haber
contado el cuento, porque la propia
leyenda aseguraba que quien lo viera
perecía de inmediato. Solo así las
personas aseguraban que lo sentían
cuando pasaban algunos de los muchos
jinetes por las calles del entonces
pueblo de campo, mucho más cuando
sucedía una desgracia como la de 1945.
Aun
hoy, cuando las nuevas generaciones
conocen muy poco la leyenda del Indio
sin cabeza, esta constituye un elemento
de identidad de la cultura de este
pueblo, y como leyenda al fin, todavía
puede existir en la mente de personas
como mi abuelo que a pesar de haberlo
visto o sentido, siguen haciendo el
cuento.
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